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“La definición de mi escuela no está en el diccionario”

"Las grandes obras de las instituciones

las sueñan los santos locos,

 las realizan los luchadores natos,

 las aprovechan los felices cuerdos

y las critican los inútiles crónicos".

 

Me pedís una definición de mi escuela y no está en el diccionario ni hay libros que la cuenten. El Divino es el fruto de un sueño bendecido, es el tesón de un loco que construyó como el sabio, es el resultado de una lucha constante y esperanzada. El Divino es consecuencia de comunidad y hacia la comunidad va.

Nació, creció y se fortalece con la ayuda de muchos, con el entusiasmo de todos, con el dolor de los que fueron y de los que son.

El Divino, mi escuela, hijo menor de una obra mayor, es permanente novedad, sorpresa, deseos… con la puerta siempre abierta a algo o alguien más.

En mi escuela hay docentes capaces de “disfrazarse” de lo que sea por hacer lo que haga falta. Para ellos ser profesor, maestro, preceptor, directora no es más que un accidente, porque también pueden ser costurera, lavar el piso, poner y servir la mesa, arreglar el baño, ser locutor, operador o futbolista, cocinero o vendedor, artista u obrero;  lo importante es el otro, el que espera, el que busca su lugar.

Si bien hay roles y responsabilidades, hay sobre todo “buena disposición” y entusiasmo a la hora de cubrir una necesidad.

Cada uno conoce y transmite su disciplina, somos escuela, pero además cada uno es oreja, hombro, palabra, mirada, abrazo, beso… para recibir, acompañar, iluminar…  en los momentos difíciles de los alumnos.

Los docentes de mi escuela ríen, disfrutan y festejan porque saben que aún en el frío invierno es posible la primavera. Y si no llega, la inventan. Los docentes de mi escuela son creadores del clima que nos hace sentir bien.

 

 

Los docentes de mi escuela son jóvenes y lo seguirán siendo porque mantienen viva la fe, están llenos de esperanza y educan en el amor.

Los docentes de mi escuela no sé si son los mejores, qué importa, pero hacen extraordinario lo sencillo y hacen simple lo complejo, y nadie se queda solo.

Los docentes de mi escuela lo son por sus alumnos, alumnos que les permiten desarrollar su vocación y capacidades, que les permiten crear y reconocerse.

Los alumnos de mi escuela son “lo más”. Con dolores y desencantos, con tropiezos y frustraciones siguen apostando a la vida. Son testarudos y porfían seguros de que es posible alcanzar los sueños.

Los alumnos de mi escuela son valientes, capaces de desafiar el frío de la mañana pero también los obstáculos que la vida les pone para seguir avanzando.

 

Los alumnos de mi escuela no siempre vienen a clases, algunos aún no descubren la importancia de esto (tal vez no la sabemos mostrar), y sin embargo siguen, y vuelven, y recomienzan, y se alejan y regresan, y renacen cada día y hay fiesta como cuando vuelve el hijo pródigo y todos apostamos a seguir.

Los alumnos de mi escuela, ¡son de la escuela! Y quieren al Divino porque saben que el Divino los quiere a ellos y porque saben que el Divino no es sin ellos porque para ellos fue soñado y creado.

Los alumnos de mi escuela son de todos los colores, hay suaves verdes, cálidos amarillos, fuertes rojos y hasta fríos azules; y entre todos forman un bello arco iris.

Los alumnos de mi escuela no terminan cuando terminan (si terminan…) ni se van cuando se van. Siguen siendo alumnos y vuelven de distintas maneras por un facebook, un WhatsApp,  un fútbol, una ayuda o por pasar nomás. Y siempre están.

Algo así es mi escuela. Que no empieza ni termina en la puerta. Que no se queda adentro y se extiende en un picado, un encuentro, un asado, un café. Que tiene salidas, convivencias, viajes, encuentros.

Escuela de los destiempos, que fue pensada y amada desde antes y para siempre. Que es escuela de vida, oportunidad de independencia, puente entre lo que nos toca y aquello para lo que fuimos llamados a la vida.

Es así esta escuela porque sabe de dónde viene y sabe a dónde va. Porque esta bendecida por Dios, que es amor, que lucha por la justicia y que proclama la paz; por Jesús que es el primer Maestro, y que aún nos enseña con el ejemplo de su vida, por su Espíritu que nos alienta e inspira para equivocarnos menos.

Hoy cuando festejamos el día del maestro, celebramos la escuela, celebramos el Divino y agradecemos a todos por hacerlo posible.

 

 

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